31 jul. 2013

El sol de medianoche en Suecia

En verano el sol no se acuesta por estas latitudes. Parece como si quisiera compensar las largas horas de oscuridad del invierno y a cambio les regala a todos los países próximos al círculo polar ártico unos eternos días de verano. Horas y horas de luz. Este fenómeno natural se conoce como el sol de medianoche. Le gusta rondar el solsticio de verano, así que comienza a finales de mayo y se alarga hasta mediados de agosto. Cuánto más al norte y más cerca del polo, más días de luz. De forma que en Kiruna, al norte de Suecia, este fenómeno se vive con más intensidad que en otros lugares más al sur como Estocolmo o Malmö. Hay que tener en cuenta que estamos hablando de un país con una importante extensión de norte a sur, ni más ni menos que 1.600 km. Noruega, Finlandia, Canadá... todos estos países disfrutan de unos interminables días de verano. Son famosas también las Noches blancas de San Petersburgo, que ha organizado en torno a este fenómeno todo un festival con actividades variadas para aprovechar que los días parecen multiplicar sus horas.

Según la ubicación, la diferencia consiste básicamente en el número días que dura el sol de medianoche y su intensidad. En Sundsvall, que está al sur del norte de Suecia, es como si el sol no llegara a ponerse del todo, como un crepúsculo interminable. El “amigo Lorenzo” hace su recorrido habitual por el Poniente en las últimas horas de la tarde pero conforme la medianoche se va acercando, el cielo se tiñe de un resplandor anaranjado, para que no nos olvidemos de que el sol sigue allí, en algún lugar del horizonte mientras que la noche cerrada se queda en espera. Ya le llegará su momento de protagonismo.



Y todo eso lo descubres cuando pasas la primera noche en este país. Quién me iba a decir que tendría problemas por un ¿exceso de luz? Pues sí, las primeras noches en Sundsvall nos despertábamos en medio de la madrugada con una luz cegadora intentando entrar por cualquier resquicio de la ventana o de la puerta a medio cerrar. Como si estuviéramos en cualquier lugar del sur de España a las cuatro de la tarde. Pero resulta que estás en Suecia y son las tres de la madrugada. Mala suerte si quieres ir al baño o a la cocina por agua porque el desvelo está garantizado. Bueno, pues se echan las persianas o las cortinas y listo, ¿no? Pues no, porque eso de las cortinas tampoco está aquí muy extendido. En nuestro apartamento hay muchos ventanales, unos orientados al este y otros al oeste. Lo único que tenemos en algunos de ellos son las típicas persianas enrollables, las venecianas de toda la vida. Y en el dormitorio, afortunadamente, un estor que ha visto tiempos mejores. Aun así, la luz se cuela y si dejas la puerta entreabierta, como es el caso, te llega la luz del resto de las habitaciones. La suficiente para despertarte. Para aquellos que estamos acostumbrados a dormir en la oscuridad más absoluta es un problema. Yo lo confieso, ese horrible antifaz típico de las películas me ha salvado de alguna que otra noche de insomnio. Por lo demás, larga vida al verano sueco, que la luz más vale que sobre y no que falte.



27 jul. 2013

Mi cartero y el servicio de Correos en Suecia




Mi cartero, de momento, es un rostro anónimo pero en su favor tengo que decir que tiene desde el principio todo mi cariño y mi respeto. Primero, porque se recorre el vecindario en esta bicicleta; segundo, porque sube los cuatro pisos y no se queja. Y podría hacerlo, porque en nuestro bloque tenemos una entrada enorme, tan enorme como vacía. Allí quedarían estupendos unos buzones pero, en lugar de eso, el buzón es una rendija estrecha en tu propia puerta del apartamento, lo que le obliga a estar escaleras arriba, escaleras abajo. Es muy cómodo para los residentes, pero para el cartero (o cartera) debe ser agotador. La tercera razón es que el cartero, con cada visita, te hace sentir un poco más parte de la sociedad. Esta semana es la primera vez que hemos recibido correo, prácticamente casi todos los días. Y aunque es cierto que las primeras cartas han sido todas del banco y de la empresa eléctrica para recordarnos que tenemos que pagar, es como si Suecia en general y Sundsvall en particular ya supieran que estamos aquí y que formamos parte de ella. Los viernes, recibimos también el periódico local y entonces ya eres incluso un poquito más “sundsvaliana”. Porque si tienes un poco de paciencia, diccionario en mano, puedes enterarte de lo que se cuece en la ciudad.



De todas formas, el funcionamiento de Correos en Suecia es un poco particular:

- Para empezar, el transporte. Lo más habitual es ver por las mañanas a las bicicletas de correos recorriendo los barrios del centro. Así que aquí, para ser cartero, tienes que estar en forma. Luego, para las cartas más voluminosas tienen las motos y, finalmente, hay unos furgonetas para transportar los paquetes.

- No intentes buscar una oficina de Correos en Suecia. Si quieres enviar un paquete o recibes una carta certificada, tendrás que acercarte a la gasolinera o al supermercado más próximo. Y es que en el año 2002, el gobierno sueco decidió cerrar la mayoría de las oficinas por disposición estatal, de forma que este servicio quedó en manos de las tiendas de alimentación, quioscos o gasolineras. Precisamente en una de ellas tuvimos que recoger nuestra primera carta certificada. Es un poco raro al principio pero tiene cosas buenas: siempre tendrás alguna cerca de casa y los horarios son más amplios. 

- En principio parece que el servicio internacional funciona bastante bien. Una carta enviada desde Sevilla un lunes ha recorrido casi cuatro mil kilómetros y ha llegado a Sundsvall el jueves de esa misma semana. No está mal para ser correo ordinario. Y eso es una buena noticia porque estábamos esperando a comprobar qué tal funcionaba para empezar a recibir cajas con algunas de las cosas que no hemos podido traernos en el coche y bueno, cualquier otra cosa que las familias tengan a bien enviarnos (y no digo más). 

23 jul. 2013

Fin de semana con sabor tailandés en Sundsvall


El domingo fue uno de esos días que no sabes qué cara ponerle al tiempo. Mirabas por la ventana y un vendaval como en los peores días de levante en Cádiz te quitaba las ganas de bajar y darle una vuelta a la ciudad. Sin embargo, en previsión de lo que se nos vendrá encima de aquí a unos meses, estamos en pleno proceso de inculcarnos esta frase: “que el tiempo no pueda con nosotros”.Y frente al frío, la nieve y un termómetro bajo cero, ¿qué es un poco de viento? A la calle pues. Nos acercamos a Norra Berget, el parque de la ciudad del que ya hablaré en otra ocasión. Allí, desde hacía tres días se celebraba el Festival de Tailandia (Thaifestivalen) y allá que fuimos a ver en qué consistía.

La primera incógnita era qué relación puede tener una ciudad como Sundsvall con Tailandia. Pues parece que alguna tiene y se remonta, ni más ni menos, a más de cien años. Según cuenta la leyenda –y el folleto turístico que me he agenciado- hace exactamente 116 años el rey del entonces llamado Siam, Chulalongkorn, apareció por estas tierras para hacer turismo invitado por el rey sueco Oscar II. Al parecer, en honor a tan ilustre visita, se construyó un pabellón tailandés para rememorarla. Con esta historia como fondo, el año pasado se celebró por primera vez en Sundsvall el Festival de Tailandia y por lo visto fue un gran éxito que contó con muchos visitantes, entre ellos el propio embajador.  

El evento consiste básicamente en organizar una especie de mercado con todo tipo de productos tailandeses, además de pequeños puestos que ofrecían desde masajes hasta cortes de pelo. Todo ello aderezado con algunas actuaciones y, sobre todo, con el espectacular escenario que lo acoge.

Norra Berget, el mal llamado parque de la ciudad es, para los que no estamos acostumbrados a estas cosas, un “bosque organizado”. De hecho, al no saber lo que nos esperaba ni dónde estaba exactamente el festival, dejamos el coche bastante lejos. Si no llego a acercarme a preguntar a un agradable matrimonio sueco, todavía estamos dando vueltas por allí. Para los curiosos que se preguntan en qué idioma: yo intento preguntar siempre en sueco (otra cosa es si entiendo las respuestas). Esta vez también lo hice y después de una conversación de varios minutos mientras el matrimonio nos acompañaba campo a través, mi medio limón me miraba anonadado preguntándose si había aprendido sueco de repente por ciencia infusa. Tuve que confesarle bajito que no, que no había entendido ni la mitad pero que el festival estaba a la izquierda y el matrimonio iba en el mismo camino. Y así descubrimos que el señor, que decía no hablar inglés pero que lo hacía mejor que nosotros, había sido taxista, un enamorado de Granada y su Alhambra y que había ido mucho a Estepona con su barco. Ahí es nada.


Por lo demás, en el parque hacía un día estupendo, no se movía una hoja, y pasamos una mañana muy entretenida.  Merece la pena aprovechar el verano sueco, mientras dure.

21 jul. 2013

Primera excursión: Njurunda y alrededores


El pasado fin de semana hicimos nuestra primera escapada para ir conociendo los alrededores. Nada preparado de antemano. Solo un comentario que nos hicieron: “la zona de Njurunda es bonita”. Y como hay que fiarse de los que saben,  pues allá fuimos. No nos hizo falta más: mapa en mano y la libertad de no tener ningún itinerario marcado. La carretera E4 hacia el sur y fuimos parando en los lugares que el mapa nos señalaba de interés, bien porque fueran zonas naturales, de baño, pesca o porque tuvieran algún restaurante.  

La primera parada fue accidental, en una zona residencial con un pequeño lago. Y el motivo de la parada fue que nos llamó la atención el detalle de ver gente en el lago bañándose. De hecho, después vimos algunos vecinos saliendo de casa, toalla en mano, para ir a darse el primer bañito del día. Con sus accesos propios para bajarse al lago y algún que otro embarcadero. En la orilla de enfrente, una zona de juegos para niños Sí que saben los suecos, sí. No estaba nada mal el chiringuito. Allí tomé la foto que sirvió de bienvenida para el primer post del blog.

La segunda parada fue Juniskär. Árboles, un pequeñísimo puerto con unas cuantas embarcaciones recreativas y una casita roja con una gran terraza llena de flores que hacía de café. Mientras la gente empezaba a llegar para almorzar, nosotros, que aún no nos hemos habituado al horario de comidas sueco, pedimos un fika mientras la camarera nos preguntaba extrañada cómo habían acabado dos españoles allí. Repetiremos aunque solo sea por lo relajante del sitio y por probar la comida la próxima vez.



El tiempo acompañaba y nos acercamos a Bergafjärden. Y resultó ser todo un descubrimiento. Al estar Sundsvall en la costa, en los alrededores hay muchas playas que, sumadas a los incontables lagos que hay por aquí, se convierten en el principal destino de los suecos en cuanto sale un rayo de sol. Después de recorrer un sendero por pleno bosque, de repente, apareció la pequeña playa de la foto. Allí, jóvenes, familias con sus niños y dos españoles despistados disfrutando del verano sueco.




Después de algunos kilómetros más dimos la jornada por terminada almorzando en el único restaurante de la pequeña aldea pesquera de Lörudden. Unos ventanales con vistas al mar, tartar de salmón, bacalao con pastel de queso y un helado. Y para casa. Como nuevos y con las pilas cargadas. Nos quedó pendiente pasar un poco más de tiempo en Skatan, un pequeño y animado pueblo de casitas rojas, con unas cuantas terrazas y tiendas. Mucha gente coincidió con nosotros en que era una buena opción para terminar el día y no fuimos capaces de encontrar aparcamiento. La próxima vez.

19 jul. 2013

Yo fiko, tú fikas, él fika…


Del verbo fikar de toda la vida. Yo ya fiko. ¿Y tú? Fikar du? Es una de las dos palabras más importantes que hay que aprender en sueco. Consiste básicamente en lo que nosotros llamaríamos tomarse un piscolabis, “un té” que diríamos en mi casa. En fin, una excusa para tomar algo entre horas. Pero para los suecos un fika es un mucho más, es el reflejo de una pasión absoluta por el café y los dulces pero también una forma de socializar dentro y fuera del trabajo. El fika está institucionalizado en este país, es todo un ritual y supongo que por eso, además de sustantivo lo convirtieron también en verbo. De hecho, parece que el origen de la palabra se remonta al siglo XIX, cuando fika se convirtió en una variación invertida de kaffi, la forma antigua en la que se referían al café (kaffe). El idioma sueco es muy rítmico, suben y bajan mucho la fuerza que ponen en cada sílaba y, por ejemplo, fika suena algo así como /fiiiiii- ká/

Ya decía antes que el café es la bebida estrella por mucho que yo haya puesto la foto con el té (qué le vamos a hacer, influencia de Gibraltar). Aún estoy intentando descubrir el porqué, la verdad es que hasta ahora no me ha parecido especialmente bueno el café sueco. No hace mucho leí en la revista Muy interesante que algunos de los países nórdicos son los principales consumidores de café del mundo. Finlandeses, noruegos y suecos son los tres primeros en el ranking. Los amigos suecos con la nada despreciable cifra de 8,4 kg por persona al año.  El doble que en España, por ejemplo.


Sin embargo, lo que si merece una investigación profunda son los acompañamientos. Los bollitos de canela de la imagen, que ellos llaman kanelbullar son lo más habitual. Sienten por ellos una especie de devoción y los compran recién hechos, congelados o incluso los hacen en casa. Pero tienen otros muchos, pero muchos, y se te van los ojos cuando pasas por delante de una pastelería. Afortunadamente, tendré tiempo de ir probándolos todos. Ya os iré contando. Eso sí, lo único bueno de vivir en una cuarta planta sin ascensor es que me ayudará a que toda esa azúcar que pienso tomar en esta investigación no se acumule en zonas indeseables. O eso espero :D.

17 jul. 2013

Tres mil kilómetros no son nada... ¿o sí?



Aunque yo me empeñe en decirle a mi abuela que estamos solo un poco más “pa´arriba” de Francia ella lo único que consigue responder es un “Ay, Virgen del Carmen”. Pensé en llevarle un mapa por eso de que nos situara visualmente pero luego me di cuenta de que sería peor el remedio que la enfermedad porque lo cierto es que tres mil kilómetros es una distancia considerable. Afortunadamente, el avión será nuestro aliado pero si hablamos de hacerlos en coche es casi una locura. De esas que haces una vez y no más. Por mucho que te repitas que: “te lo vas a tomar como unas vacaciones”, un “road trip” como dicen los ingleses; que lo vas a hacer “a tu ritmo”; “que nos turnamos”… Ese mantra no consigue sacudirte el cansancio de demasiadas horas al volante, sobre todo, cuando has empezado el viaje con las pilas descargadas porque venía precedido de semanas demasiado intensas.

El trayecto fue Madrid-Burdeos-Bélgica-Alemania y desde allí un ferry que nos llevó al sur de Suecia. De regalo, una noche extra en Uppsala para llegar a Sundsvall a una hora decente. Fue la primera ciudad sueca que tuvimos ocasión de ver y se merece que le devolvamos una visita calmada.

La idea de recorrer Europa en coche puede resultar sugerente pero si tenemos en cuenta que el coche iba cargado con todo y digo todo lo imprescindible para empezar una nueva vida en un país extraño, el resultado no es precisamente un viaje turístico. Lo primero es aceptar que no puedes dejar el coche solo en cualquier parte y lo segundo que estás tan agotada que pocas ganas te quedan de hacer turismo. Aun así, siempre puedes disfrutar un poco. De Francia me quedo con sus autovías. Circulas a golpe de euros pero a cambio tienes un viaje cómodo y placentero. Algo que aprecias mucho más cuando, una vez en Bélgica, sufres los baches y las obras de sus pequeñas carreteras. De Alemania, con el detalle de que allí, a pie de calle, poquita gente hablaba inglés. Mucho dar lecciones de Europa, Europa pero flojitos ellos con el idioma de comunicación de la Unión. Lo mejor de Alemania fue sin duda el ferry. Cuando una tiene como única referencia el ferry a Tánger, pasa lo que pasa. A bordo del Nils Holggerson (¿os acordáis de esos dibujos animados suecos?) pasamos la noche que nos hizo ahorrarnos los 300 kilómetros de cruzar Dinamarca. Más que un ferry, un crucero para reponer fuerzas.

Y luego Suecia, que se merece un párrafo aparte. Lo primero que llama la atención es que el país respira. No vive agobiado por altos edificios, grandes ciudades o redes de autopistas faraónicas. El sur de Suecia es llano, abierto, con praderas verdes y prácticamente una única autovía que cruza el país hacia el norte. E4, dirección Estocolmo. No hay pérdida, ni estrés. La carretera, el paisaje y tú. Solo despertamos del sueño cuando Escolmo nos recibió como toda buena capital y nos regaló un gran atasco de bienvenida. Pero ya estábamos cerca. Sundsvall nos esperaba, pero eso ya es otra historia.

16 jul. 2013

Cuándo, dónde, cómo y por qué...


Supongo que será por deformación profesional, pero si esta va a ser la primera entrada del blog, lo lógico es empezar por el principio. El cuándo es fácil, el pasado 3 de julio llegamos a Suecia cruzando el continente y recorrimos medio país hasta llegar a Sundsvall, que es el dónde, una ciudad costera del centro de Suecia que será desde ahora nuestro hogar de acogida. El cómo no tiene misterio, en coche, en un viaje de cinco días llenos de sentimientos encontrados y cansancio acumulado, pero también cargado de emociones. Y llegamos al porqué. ¿Por qué te vas? ¿Por qué a Suecia? ¿Por qué ahora?... suelen ser las preguntas más frecuentes. Básicamente porque ha surgido así. Podría decir que somos unos de tantos jóvenes que empujados por la mala, por la dramática situación de nuestro país se han visto obligados a hacer la maleta. Podría decirlo, pero no lo haré porque no sería del todo cierto. Esta idea, esta aventura viene de mucho antes. Llevaba años anidando en alguna parte mientras llenaba la vida de una rutina que ni quería ni me pertenecía. Yo lo llamaría más bien inquietud. Y las inquietudes son peligrosas porque con los años, si vas relegándolas al fondo del armario se enquistan y un día te aparecen por sorpresa en forma de frustración. Por eso creo que los sueños es mejor intentar cumplirlos, aunque te equivoques, aunque dé miedo, aunque cuando se acerquen descubras que tienen mil variables que antes no habías tenido en cuenta y los daños colaterales te hagan dudar. Porque soñar es fácil. Pero los sueños tienen doble filo. Pero a mí me han enseñado que el miedo no está para paralizarnos sino para movilizarnos. Y aprender. Y caer. Y levantarnos. Y disfrutar. Y darle la bienvenida a todo lo que la vida nos va regalando. Por eso yo le doy la bienvenida a Suecia y seguro que ella también me la dará a mí. Välkommen till Sverige!